
Mi forma de acompañar a otras mujeres no nace solo de la teoría, sino de una experiencia vital que transformó profundamente mi identidad, mi cuerpo y mi manera de comprender las relaciones humanas.
Viví una relación marcada por la violencia de género que tuvo consecuencias físicas y emocionales irreversibles. Ese momento supuso un quiebre radical: despertar a una nueva realidad corporal y enfrentar una sensación profunda de extrañeza frente a mí misma. Hubo un instante decisivo en ese proceso: mirarme al espejo y no reconocer a la mujer que veía reflejada.
Mi visión
Mi historia
Mi camino hacia la psicología nace de una experiencia vital que transformó profundamente mi identidad, mi cuerpo y mi manera de vincularme. Viví una relación marcada por la violencia de género que tuvo consecuencias físicas visibles y permanentes. Quedé con una cuadraplejia a mis 24/años, con un hijo de 3 años y una vida por delante. ¿Quien era esa mujer? Con mi cara destrozada por la bala que tumbó todos mis dientes y explotó mi cara, calva porque para la cirugía fue necesario, con 45 kg por la sangre perdida y el tiempo en cama , sin pestañas, no me conocía, fue el principio de un largo viaje.
Despertar a esa nueva realidad significó enfrentar un cuerpo distinto y, sobre todo, una profunda desconexión interna. Hubo un momento decisivo: mirarme al espejo y no reconocer a la mujer que estaba frente a mí. Ese quiebre impactó directamente mi amor propio. No solo dudé de mi valor como mujer, sino de mi lugar en el mundo, de mi capacidad de ser deseada, elegida y respetada. La reconstrucción no fue inmediata ni ideal. Fue un proceso atravesado por preguntas incómodas, aprendizajes y una profunda necesidad de comprenderme. En ese camino, la psicología llegó a mi vida no solo como profesión, sino como una herramienta de orden, conciencia y responsabilidad emocional. Paralelamente, mi historia me llevó a escenarios inesperados: la moda de alta costura y las pasarelas, donde participé como modelo con discapacidad, desafiando estereotipos de belleza y visibilizando que la feminidad y la sensualidad no dependen de la perfección corporal. También compartí mi experiencia en conferencias tipo TEDx y otros espacios, entendiendo que mi historia no era solo mía, sino un reflejo de muchas mujeres que se han perdido de sí mismas sin que necesariamente se note por fuera. Hoy acompaño a mujeres que, después de relaciones dolorosas o experiencias vitales difíciles, sienten que ya no se reconocen. Mi trabajo integra psicología, experiencia real y conciencia emocional para ayudarles a reconstruir su identidad, su autovaloración y su manera de vincularse. No trabajo desde discursos de amor propio superficial. Acompaño procesos reales, donde comprenderse, responsabilizarse y elegirse se convierte en un acto profundo de dignidad.